
Hace un tiempo, decidió transformar la barra de un garito sadomasoquista gay, situado en la calle de Pelayo, en su particular estudio fotográfico. Por él han pasado, en los últimos años, casi un millar de personas, retratadas en primerísimos planos bajo la misma bombilla que ilumina el mostrador en el que se sirven bebidas o en torno al cual se habla, se ríe, se discute, se llora o se ama y ante la que el modelo queda desenmascarado, desnudo por quien le está sustrayendo el gesto, por quien descubre su alma oculta a través de una mirada indefensa por la agresión de la luz. Algunas de esas imágenes, reunidas en series, en historias concretas, han sido ya expuestas o publicadas como material editorial.
Otras esperan su oportunidad para publicitarse, como las tomadas a ciudadanos canarios que han querido ponerse frente a su objetivo. Distintas generaciones reunidas en un mismo archivo. Personajes públicos, artistas, músicos, cineastas como Juan Hidalgo, Juan Carlos Fresnadillo, Rafael Monagas o Elsa López, pero también anónimos alumnos que han iniciado recientemente sus estudios universitarios. Desterrados voluntarios que abandonaron las Islas para establecerse, por razones de oportunidad, en Madrid.
Simplemente me encanta...!! es fascinante y bellista una incipiente entre entre dos mundos que acercan la ambigüedad y el arte abstracto de la fotografía... mi más sinceros pensamientos.
ResponderEliminar...Bellista!!!